04 - Las consecuencias de segundo orden y por qué Tinder no te encontrará pareja

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Los ingleses tenían un verdadero problema con las cobras.

Durante la época colonial, la capital de su joya de la corona, Delhi, estaba infestada de estas peligrosas serpientes. Así que solventaron el problema de una forma que haría sentir orgulloso a un economista: darían una recompensa por cada cobra que alguien trajera muerta.

Fue todo un éxito y empezaron a llegar grandes cantidades de cobras muertas. A esa velocidad, las serpientes dejarían de ser un problema en breve.

Pero siguieron existiendo. El ritmo de cobras muertas no bajaba con el tiempo y los ingleses comenzaron a gastar en recompensas más de lo previsto.

En realidad, las cobras sí se estaban extinguiendo, así que los más avezados comenzaron a criarla para seguir cobrando las recompensas.

Es fácil reírse de los ingleses, pero los franceses repitieron la jugada con las ratas en Hanoi y les salió igual.

Eso es lo que pasa cuando uno trata de resolver un problema sin pensar en las consecuencias de segundo orden.

Estas consecuencias de segundo orden son las que se producen, de manera más o menos inesperada, una vez que hemos puesto en marcha algo o hemos alcanzado el objetivo que nos proponíamos.

Porque para pensar bien no hay que centrarse en el objetivo, sino más allá.

La manera de pensar de los mejores

Cuando uno tiene una meta, suele poner toda su energía en conseguirla. Sin embargo, quienes son capaces de ver más allá y pensar a más niveles, llegando al segundo o tercer orden, suelen ser los visionarios.

Por eso, la manera de pensar es no detenerse en el objetivo y preguntarse: «¿Y después qué?».

El modelo mental de tener en cuenta las consecuencias de segundo orden se basa en viajar en el tiempo y visualizar la situación la semana que viene, el mes que viene, el año que viene… Se basa en ser jugador de ajedrez y tratar de ver varias jugadas por delante y la reacción que habrá.

La manera de pensar de la economía

Soy economista de formación. Tengo una relación de amor-odio con la disciplina, porque una buena parte es inútil, pero otra parte es fascinante y enseña a pensar de maneras que permiten ver las cosas que el resto pasa por alto.

La teoría de juegos, por ejemplo, es una disciplina increíble llena de modelos mentales muy útiles, incluso cuando no comprendas las matemáticas que hay detrás. Lo mismo pasa con el tema de los incentivos (que los ingleses tampoco consideraron bien) o de principios como el de Pareto, quizá el modelo mental más útil y cierto.

En Economía también te enseñan pronto a considerar las consecuencias de segundo orden, las externalidades que se llaman. Efectos inesperados o secundarios de las actividades de las empresas y las decisiones que se toman.

Sin tener en cuenta las consecuencias de segundo orden, tomaremos malas decisiones constantemente. Especialmente cuando las consecuencias de primer orden sean negativas.

El ejercicio físico es un ejemplo de esto. Las consecuencias de primer orden son negativas (cansancio y sufrimiento), pero las de segundo orden son muy positivas (mejora en la salud física y cognitiva). Si no vamos más allá, no haremos ejercicio.

Cuando la consecuencia de primer orden es negativa (muchas comidas sanas no son apetitosas), las consecuencias de segundo orden no las consideramos, porque además viven en el futuro y por razones evolutivas siempre estará nebuloso y mal valorado.

Lo mismo ocurre con las consecuencias de primer orden positivas (como la revolución industrial) y sus consecuencias negativas de segundo orden (el calentamiento global, por ejemplo). En este caso, hacemos al revés y sembramos de nuevo la semilla del desastre.

Por qué Tinder y aplicaciones similares no te van a encontrar pareja

Las aplicaciones para encontrar nuestra media naranja experimentaron un boom que sólo se terminará cuando dejemos de ansiar esa sensación de no sentirnos solos, aunque sea un momento.

Es decir, nunca.

Esas apps comprenden las consecuencias de segundo orden, por eso tienen tanto éxito y por eso no te van a encontrar pareja o una relación que dure demasiado. Al menos no lo harán adrede o no lo hacen rápidamente con la mayoría de usuarios.

¿Por qué?

Porque si cumplieran su función y te mostraran de verdad quién es esa persona que encaja contigo (consecuencia de primer orden), ya no las usarías más (consecuencia de segundo orden) y estas aplicaciones no maximizarían todo el beneficio posible en el tiempo que pueden extraer de tu (consecuencia de tercer orden).

Eso lo optimizan jugando al palo y la zanahoria.

Así que el algoritmo puede que haya detectado a esa persona con la que seguramente serás feliz durante bastante tiempo, pero te la esconderá o te la pondrá al final, porque su función es maximizar el beneficio, ya que se construyeron pensando en el tercer orden mientras te venden que se centran en el primero.

El coronavirus y la gripe

Las medidas para detener el coronavirus (objetivo de primer orden) han causado una consecuencia interesante de segundo orden, apenas hay gripe en el hemisferio sur y es de esperar que pase algo similar en el norte cuando llegue la temporada, aunque uno nunca sabe con este tema.

En 2019, de abril a agosto (su temporada de gripe), Australia tuvo casi 10.000 casos, este 2020 esa cifra se ha reducido a apenas 33 casos.

Pero los científicos ya están pensando en las consecuencias de tercer orden y no saben cuáles serán, pero se preparan para diversos escenarios, como debe ser. Una de las hipótesis es que la escasez de casos de gripe cree un cuello de botella genético y solo sobrevivan las cepas más resistentes.

Malas noticias, si eso sucede, cuando dejemos de tomar medidas de protección como mascarillas y lavado de manos más habitual, pues serán esas cepas más resistentes las que se extiendan de nuevo al bajar la guardia.

¿Será así? Todavía no se sabe y puede que nos quedemos en la consecuencia de segundo orden positiva, pero hay quien está pensando en ese tercer orden, en ver más allá para ver mejor.

Sea como sea, aunque no podamos adivinar el futuro, es rentable viajar en él unas cuantas magnitudes si queremos pensar mejor.

Escuchar, leer, ver

Escuchado

El Meister es el alter ego de Javier Vielba, líder de Corizonas, que acaba de sacar su último disco en solitario, Fuego en Castilla.

Esta semana está ocupando gran parte del tiempo en mis auriculares. Llegué hasta él hace mucho tiempo de casualidad, como suele ocurrir con muchas cosas importantes. Buscaba una canción que recordaba de pequeño y era la sintonía de una serie de los 80.

Que la canción con la que debuta el disco hable de Max Extrella, protagonista de Luces de Bohemia de Valle-Inclán, (una de mis obras favoritas que muestra que España siempre fue como es), resulta otro punto a favor.

Leído

Jaron Lanier pertenece a esa generación de programadores y visionarios que ayudaron a crear Internet tal y como la conocemos. Y cuando hace unos años todo era utopía tecnológica, él ya avisaba de su reverso tenebroso, especialmente el de las redes sociales y los monopolios de empresas como Google, Facebook o Amazon.

Lanier no es un ludita ni busca la destrucción de las máquinas o de la red que ayudó a crear, pero su libro Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato recoge los motivos principales de un discurso que, por desgracia, lleva cayendo en saco roto desde hace más de 5 años.

Jaron Lanier

Todo es mucho más oscuro de lo que parece entre bambalinas y sufrimos las consecuencias.

Visto

Las auroras australes no son tan conocidas como sus hermanas boreales, pero para quien no ha visto el fenómeno, Colin Legg lo capta aquí.

A miles de kilómetros de Legg, Teemu Jarvinen no se autodenomina fotógrafo profesional y la humildad es un bien escaso y preciado. Vive actualmente en Dubai, que en ciertas ocasiones se ve envuelta en una espesa niebla.

Su serie Eerie Scenes in Dubai, que capta ese fenómeno, es increíble.

Dubai en la niebla

Esa misma mirada tan propia ha reflejado buena parte de Asia de una manera muy especial. Esta instantánea de Temple Street en Hong Kong es otra maravilla.

Temple Street

Y desde destinos exóticos, hasta la semana que viene.

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