06 - El sesgo del superviviente, o por qué leer no te hará millonario

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La historia, especialmente la antigua (aunque por desgracia, también la moderna) tiene un problema. Aunque no lo parezca, es exactamente el mismo por el cual no nos vamos a hacer ricos leyendo.

¿Cuál es ese problema de la historia? Que la escriben los vencedores.

Especialmente en los tiempos antiguos, las crónicas de conquistas eran contadas por alguien que acompañaba al rey victorioso o era su súbdito. Y esa es la historia que queda para la posteridad porque, básicamente, el escriba que acompañaba al derrotado seguramente estaba muerto y es difícil que los muertos cuenten su visión.

De hecho, no pocos imperios se ponían manos a la obra a la hora de reducir a cenizas los restos de la cultura conquistada e imponer la suya.

Así que, de los perdedores y su versión de los hechos, ni rastro.

Aún hoy, a pesar de que la historia utiliza procedimientos más rigurosos, sigue habiendo problemas con un revisionismo constante.

El sesgo del superviviente

La semana pasada hablamos de superpronosticadores y una de sus cualidades es ser conscientes de los sesgos cognitivos, que casi siempre están presentes en una situación y nos impiden verla con claridad.

Cuando conoces cuáles son esos sesgos, los identificas más fácilmente y puedes contrarrestar, al menos en parte, su efecto engañoso.

Y uno de los sesgos cognitivos más poderosos, que distorsiona de manera importante la realidad de una historia y nos engaña más fácilmente es el del superviviente.

El sesgo del superviviente consiste en que, para explicar algo, nos centramos en ciertas características de aquellos que han conseguido ese algo, ignorando las que tenían aquellos que fracasaron.

Y hay un problema cuando le pides a alguien que explique cómo ha llegado hasta la cima en la que está o logrado su objetivo.

Cuando tenemos éxito en algo y analizamos por qué ha sido así, tendemos a exagerar el papel que han tenido nuestras habilidades, como la tenacidad, el talento, la valentía o lo que sea.

La principal consecuencia de esto es desdeñar el enorme papel que han tenido circunstancias externas que no controlábamos, tales como:

  • La suerte.
  • El contexto.
  • El timing. Es decir, el momento en el que has hecho algo.

Las causalidad de las cosas suele ser mucho más compleja y menos clara de lo que parece y está bastante demostrado que esos 3 puntos anteriores ejercen más influencia que cualquier otra cosa.

Pero nadie, excepto unos pocos sinceros a los que se ignora enseguida, quieren reconocer eso en sus biografías.

Por qué no nos vamos a hacer millonarios

El sesgo del superviviente no está solamente en la historia, sino por todas partes. Cada año se publican infinidad de libros sobre cómo hacerse millonario, además de biografías de personas exitosas, que desgranan su fórmula personal del éxito y qué hicieron para llegar tan alto.

Todos repiten las ideas de creatividad, originalidad, toma de riesgos, pasión, perseverancia, etc, porque no hemos cambiado desde los tiempos en los que el escriba del rey alababa su capacidad de conquista.

Curiosamente, cuando es al revés y fracasamos, el papel de la mala suerte y los factores fuera de nuestro control aumentan en la narrativa que trata de explicarlo, porque eso nos exculpa.

Es decir, que perdemos por culpa del árbitro, pero ganamos por nuestros méritos.

Sin embargo, en esas victorias y esos libros sobre cómo hacerse rico, tendemos a omitir dos cosas importantes sobre el tema:

  • Que si funcionaran, la mayoría de los que los leen serían ricos con abdominales perfectos, pero no es así.
  • Que la mayoría de los que trabajan duro y toman riesgos, no lo consigue.

Por ejemplo, casi todas las nuevas empresas que se crean fracasan. Es así en todas partes y los números de emprendedores que tienen que cerrar en los primeros años oscila entre el 75% y el 85%.

Cómo defenderse ante el sesgo del superviviente y, de paso, ganar la Segunda Guerra Mundial

Aunque este sesgo es poderoso y nubla el razonamiento, no es invencible.

La solución se basa en que la verdad suele aparecer fijándote en lo que no ves. Es decir, ignorando las historias de los vencedores y observando a los que siguieron la misma ruta y no lo consiguieron.

Un ejemplo clásico que se suele poner es el de Abraham Ward, un estadístico de la Universidad de Columbia al que se le encargó, durante la Segunda Guerra Mundial, la tarea de proteger mejor a los aviones aliados durante sus misiones.

El método más usado se basaba en analizar dónde habían sido impactados más a menudo dichos aviones, para reforzarlos en esas áreas y que no llegaran como un colador.

Sin embargo, el enfoque de Ward, que logró su objetivo, fue el contrario. Había que reforzar justo los otros lugares que no estaban llenos de agujeros.

¿Por qué? Porque los aviones que volvieron pudieron hacerlo con impactos en esos sitios que podían ver. Pero el resto, probablemente impactado en las otras partes, no consiguió regresar.

Esos otros lugares que no veían agujereados eran los que necesitaban refuerzo. Todos esos aviones que regresaban como un colador podían sobrevivir y aterrizar con los impactos que habían recibido, lo cual era el objetivo.

Los que no lo logran suelen tener la clave de lo que pasa en realidad y de lo que influye o no. Los silenciados, los que no pueden contar su historia, están diciendo la verdad.

En esos hay que fijarse para analizar la realidad de una situación, en ese 85% de empresas que no lo consigue, en esos aviones derribados que no podemos analizar directamente.

Los perdedores, al menos, conservan una cosa, la verdad.

Escuchar, leer, ver

Escuchado

Escuché por primera vez a Kishi Bashi con esta interpretación en la que toca su violín, canta y graba en el momento todos los samples que utiliza. Y lo hace él solo. Casi 7 minutos después, volví del lugar al que me había llevado esta interpretación sin darme cuenta. Nunca me había pasado.

Leído

Ralph Waldo Emerson escribió un ensayo sobre Napoléon (enlace en inglés) que resulta muy interesante por algo curioso, que enseña, ahora más que nunca, cómo gestionar el tiempo y las demandas de los demás.

Las instrucciones a su secretario en Las Tullerías son memorables: «Durante la noche, ven a mis aposentos lo mínimo posible. No me despiertes cuando tengas buenas noticias que comunicar, porque con ellas no hay prisa. Pero cuando traigas malas nuevas, ven enseguida, porque entonces no hay tiempo que perder.

Del mismo modo, dictaba la siguiente práctica cuando fue general en Italia, respecto a la gran cantidad de correspondencia que le llegaba. Instruyó a Bourrienne que dejara sin abrir todas las cartas durante 3 semanas, y entonces observaba con satisfacción como la mayor parte de esa correspondencia se había solventado por sí misma y ya no requería una respuesta.

Visto

El 6 de octubre de 2020, Trevor Mahlmann tomó esta instantánea del Falcon 9 de SpaceX, con 60 satélites Starlink en su vientre, justo cuando pasaba por delante del sol.

Falcon 9 pasando por el sol

No es el único fotógrafo que apuntó a esa imagen. John Kraus, por ejemplo, realizó varias fotografías similares.

Hasta la semana que viene.

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